Las prácticas universitarias son, para muchos estudiantes, el primer contacto serio con el trabajo real: sirven para aplicar lo aprendido, entender cómo funciona una empresa y empezar a construir experiencia útil para el CV. En esta guía explico cómo funcionan las prácticas universitarias en España, qué diferencias hay entre las modalidades, cómo se tramitan, qué papel tienen los tutores y qué debes revisar antes de aceptar una plaza. También verás los puntos que más influyen en tu empleabilidad, sobre todo si estudias algo ligado a tecnología o gestión de talento.
Lo esencial en pocas líneas
- En España hay prácticas curriculares, ligadas al plan de estudios, y extracurriculares, que son voluntarias.
- La universidad y la entidad colaboradora firman un convenio y asignan dos tutores: uno académico y otro en la empresa.
- Desde el 1 de enero de 2024, las prácticas formativas remuneradas o no remuneradas cotizan en la Seguridad Social.
- Las extracurriculares suelen tener una duración preferentemente no superior al 50% del curso académico.
- En perfiles IT, las prácticas valen más cuando hay aprendizaje real, tareas concretas y seguimiento, no solo “apoyo general”.
Qué son y qué no son las prácticas universitarias en España
Yo separo siempre dos ideas: aprendizaje y relación laboral. La normativa española las trata como una actividad formativa supervisada por la universidad cuyo fin es aplicar y ampliar conocimientos, no sustituir un puesto ordinario de trabajo.
Eso significa que el valor real de la práctica no está solo en “estar en una empresa”, sino en tener objetivos concretos, tareas coherentes con la titulación y seguimiento académico. Cuando eso falta, la experiencia puede parecer una mini contratación barata; cuando está bien diseñada, acelera muchísimo la curva de aprendizaje y ayuda a decidir en qué área quieres especializarte.
En un grado de informática, por ejemplo, no es lo mismo pasar tres meses corrigiendo tickets sin contexto que participar en pruebas, revisión de código, documentación o despliegues supervisados. El primer caso desgasta; el segundo enseña proceso, criterio y trabajo en equipo.
Con esa base clara, la diferencia entre modalidades se entiende mucho mejor.
Curriculares y extracurriculares, en qué cambia cada una
Las curriculares forman parte del plan de estudios y suelen ser necesarias para completar créditos o cerrar la asignatura de prácticas. Las extracurriculares son voluntarias, no cuentan como materia obligatoria y sirven sobre todo para ampliar experiencia, probar sector o mejorar el perfil antes de graduarte.
| Aspecto | Curriculares | Extracurriculares |
|---|---|---|
| Vinculación académica | Integradas en el plan de estudios | Voluntarias y fuera del plan obligatorio |
| Créditos | Sí, suelen contar para la titulación | No, salvo reconocimiento excepcional de la universidad |
| Duración | La que marque el plan de estudios | Preferentemente no superior al 50% del curso académico |
| Objetivo principal | Completar la formación académica | Ampliar experiencia y empleabilidad |
| Visibilidad académica | Constan como parte del itinerario | Pueden aparecer en el Suplemento Europeo al Título |
Si yo tuviera que elegir con una sola regla, diría esto: curriculares para cumplir el itinerario académico, extracurriculares para ganar metros de mercado. En un perfil junior, ambas pueden ser útiles, pero no cumplen exactamente el mismo papel.
Y aquí entra el punto operativo: una vez sabes cuál te interesa, toca entender cómo se gestiona la plaza y qué documentos intervienen.

Cómo se ponen en marcha paso a paso
El proceso cambia un poco según la universidad, pero el recorrido real suele parecerse bastante. Yo lo resumiría así:
- Revisas los requisitos académicos. La universidad indica si necesitas haber superado un número concreto de créditos, si la práctica es obligatoria o si solo puedes optar a extracurriculares.
- Buscas una plaza. Puede salir en el portal de prácticas de la universidad, en una oferta de empresa, a través de la facultad o por redes profesionales como LinkedIn. En IT también funciona mucho el contacto directo con equipos y recruiters.
- Presentas candidatura. Normalmente te pedirán CV, expediente, carta de motivación o portfolio. Si el puesto es técnico, un GitHub bien cuidado o una demo valen más que media página de frases genéricas.
- Pasa la selección. Puede haber entrevista, prueba breve o validación académica. Aquí ya no buscan solo nota: quieren ver encaje con tareas y actitud de trabajo.
- Se formaliza el convenio y el proyecto formativo. La universidad y la entidad firman el marco de colaboración y se concreta qué harás, con qué horario, quién te tutoriza y cómo se evaluará la estancia.
- Empiezas la práctica. Si corresponde, se tramita el alta en Seguridad Social y se fija un calendario compatible con clases, exámenes y carga real de trabajo.
- Haces seguimiento y cierre. Suele haber informes intermedios, memoria final y una evaluación por parte del tutor académico.
Si el proceso está bien montado, desde fuera parece burocrático, pero en realidad protege tres cosas: aprendizaje, horario y responsabilidades. Ahora bien, que haya papeles no garantiza una buena experiencia; ahí entran los tutores.
Qué papel tienen los tutores y cómo se evalúa la estancia
Si yo evalúo una oferta, miro primero quién me va a tutelar. En unas prácticas bien planteadas no hay un solo responsable difuso, sino dos figuras muy claras.
- Tutor académico: vela por que las tareas encajen con la titulación, coordina con la empresa y evalúa la memoria final.
- Tutor de empresa: organiza el día a día, orienta al estudiante, supervisa el trabajo y emite el informe final de la estancia.
La parte buena de este esquema es que evita que la práctica se convierta en una bolsa de tareas sueltas. El estudiante sabe qué tiene que aprender, la empresa sabe qué puede pedirle y la universidad puede corregir desviaciones si el plan se tuerce.
En la práctica, yo siempre recomiendo mantener contacto periódico con ambos tutores, avisar de incidencias cuanto antes y no dejar la memoria final para el último día. También conviene guardar ejemplos de trabajo, porque luego sirven para el CV, para entrevistas y, en perfiles técnicos, para enseñar criterio real.
En un entorno IT, una buena señal es sencilla: el tutor te corrige, te explica decisiones y te deja participar en el flujo de trabajo. Si solo recibes encargos mecánicos, el aprendizaje se queda corto aunque la plaza “suene” bien.
Con ese marco, merece la pena revisar el tema que más dudas genera: cotización, remuneración y derechos reales durante la práctica.
Cotización, remuneración y derechos que sí conviene revisar
Este punto ha cambiado de forma importante. La Seguridad Social dejó claro que desde el 1 de enero de 2024 los alumnos que realicen prácticas formativas, remuneradas o no, están incluidos en el sistema. En la práctica, eso significa más protección durante la estancia y reconocimiento del tiempo a efectos de cotización.
También cambia quién mueve la parte administrativa: según el caso, la universidad, la empresa o el centro formativo son los responsables del alta y la baja. Si no tienes Número de la Seguridad Social, lo vas a necesitar para que el trámite quede bien hecho.
- Alta y cobertura: las prácticas no quedan en un vacío legal, incluso cuando no hay sueldo.
- NUSS: identifica tu relación con la Seguridad Social y conviene revisarlo antes de empezar.
- Remuneración: puede existir o no; depende de la convocatoria, el convenio y la entidad.
- Horario y exámenes: deben ser compatibles con tu actividad académica, no al revés.
- Accidentes y contingencias: forman parte de la protección mientras dura la estancia.
La remuneración merece una aclaración honesta: en España hay prácticas no remuneradas y otras con bolsa, ayuda al transporte o compensación económica. No conviene asumir nada por defecto. Yo leería esa parte del convenio con lupa, igual que leo las tareas o el horario.
Este punto es especialmente importante porque muchas veces la parte administrativa pasa desapercibida hasta que algo falla. Y cuando hay confusión, la siguiente duda suele ser si estás ante unas prácticas académicas o ante un contrato formativo.
Prácticas universitarias y contrato formativo no son lo mismo
Yo no mezclaría estas dos figuras. Las prácticas universitarias son una actividad académica; el contrato formativo para la obtención de la práctica profesional ya es una relación laboral, pensada para personas que han terminado sus estudios y necesitan adquirir experiencia vinculada a esa titulación.
| Aspecto | Prácticas universitarias | Contrato formativo |
|---|---|---|
| Naturaleza | Académica y formativa | Laboral y formativa |
| Objetivo | Aplicar y complementar estudios | Obtener práctica profesional ligada a una titulación ya obtenida |
| Relación con la universidad | Sí, con tutor académico | No depende de la universidad |
| Retribución | Puede existir o no, según el convenio | Debe respetar la retribución mínima aplicable y el SMI proporcional |
| Resultado final | Memoria y evaluación académica | Certificación laboral sin efectos académicos |
La diferencia práctica es simple: si todavía estás dentro del grado o del máster y necesitas completar formación, hablamos de prácticas universitarias. Si ya has titulado y la empresa quiere contratarte en una modalidad pensada para aprendizaje profesional, hablamos de otra figura.
Me interesa subrayarlo porque mucha confusión nace justo ahí. Y cuando lo entiendes, puedes evaluar mejor una oferta antes de firmarla.
Antes de firmar, yo miraría estas cinco cosas
Si tuviera que revisar una plaza para alguien que empieza, no me fijaría primero en la marca de la empresa, sino en la calidad real de la experiencia. En especial en IT, la diferencia entre una práctica útil y una anécdota depende de detalles muy concretos.
- Tareas reales y no decorativas: pide una descripción concreta del trabajo diario, no solo “apoyo al equipo”.
- Tutor asignado y frecuencia de seguimiento: si nadie te va a acompañar, el aprendizaje se resiente.
- Horario compatible con tu vida académica: si las clases y los exámenes se van a comer la práctica, algo está mal planteado.
- Herramientas y entregables: en perfiles técnicos, interesa saber si tocarás código, datos, documentación, QA, automatización o soporte especializado.
- Posibilidad de continuidad: no como promesa vacía, sino como señal de que el puesto está conectado con una necesidad real del equipo.
Yo desconfío de las ofertas que prometen mucho aprendizaje pero no describen tareas concretas. También me fijo en si la práctica deja algo demostrable al final: una funcionalidad, un informe, un análisis, un proceso documentado o un proyecto que puedas explicar en una entrevista. En sectores como tecnología o producto, eso pesa más que muchas frases de branding.
Si eliges bien, la práctica no es un trámite más: es la primera prueba seria de cómo trabajas, cómo aprendes y cómo te mueves dentro de un equipo. Y ahí es donde empieza de verdad la carrera, no cuando aparece el título en el expediente.